Seguramente hemos escuchado en varias oportunidades el consejo de realizar la limpieza de todo el equipo que utilizamos para montar cada vez que terminemos de hacerlo. En La Querencia siempre aconsejamos a nuestros clientes limpiar y humectar todo el equipamiento de cuero del caballo de manera regular, pero honestamente creemos que no es necesario realizarlo indefectiblemente después de cada uso. La realidad es que muy pocas personas siguen este consejo, debido a que dicho mantenimiento lleva un tiempo considerable y prefieren utilizar el tiempo para disfrutar de su caballo. El hecho de no realizarle un mantenimiento periódico al cuero reduce la vida útil del mismo, y posiblemente nos de un disgusto en medio de una salida.

Para lograr el equilibrio entre no limpiarlos nunca y limpiarlos permanentemente, le brindamos una guía práctica para identificar cuándo realizar esta tarea.

Antes de ensillar: Limpie los correones o correas de la cincha, la parte inferior o bastos de la montura y la cabezada completa con una esponja o trapo humedecido, para quitarles el polvo y pelos que puedan tener. No es necesario que desarme toda la cabezada para hacerlo. Si los mismos se encuentran impregnados con el sudor del caballo, le recomendamos que a esa esponja o trapo humedecido le agregue jabón de glicerina neutro; uno de los enemigos más nocivo para el cuero es la sal del sudor del caballo. Una vez realizado esto enjuague con un trapo húmedo, y si el tiempo ayuda, también puede enguajar todas las correas en un balde con agua limpia.

Una vez al mes (o dos veces si monta todos los días): Separe todo el equipamiento para realizar una limpieza y lubricación general. Tenga en cuenta que como no hace esta tarea a menudo, al momento de hacerlo, hágalo en profundidad. Elimine toda la suciedad de las caras internas y externas de todos los correajes, y tratando de llegar en lo posible a esas partes de la montura que normalmente no se ven. Esta tarea puede hacerla con una esponja o con un cepillo no muy agresivo humedecidos con agua tibia (preferentemente), impregnando ambos en jabón de glicerina neutro. Una vez que todo se encuentre limpio proceda a quitar el excedente de jabón que pudiera haber quedado, tal cual lo describimos anteriormente. Deje secar todo el equipo, evitando exponerlo directamente al sol durante los meses de verano, como así también de acelerar su secado exponiéndolo a fuentes de calor como estufas, secadores de cabello, fuego, etc. Finalizado ésto, humectar el cuero con algún unto o aceite para cueros, para brindarle flexibilidad y evitar resquebrajamientos, los que luego terminan en rotura. Sólo resta volver a armar y ensamblar el equipo, verificando que no existe desgastes, partes a punto de romperse o partes rotas.

En la medida de ser necesario: Si observa que el cuero se pone pegajoso, presenta moho o si se endureció, deberá realizar el proceso descrito en el paso anterior de manera inmediata. Cualquiera de estos problemas hará que el cuero se deteriore rápidamente. Y recuerde realizar períodicamente el mantenimiento. El cuero es un material noble; si es de buena calidad y se preocupa en su cuidado, su vida útil va a ser de muchos años.